EL SANTO GRIAL DEL TAROT

Permítanme compartirles esta exposición que he preparado para todos ustedes, sobre el libro de la rota, el Tarot del eterno presente, que en algún momento llega a ser soñado como un Santo Grial por muchos de los buscadores más sensibles. Comenzaré por afirmar que la leyenda del Santo Grial, que ha motivado verdaderas búsquedas de vida, es una metáfora narrativa del viaje de autodescubrimiento descrito por el Tarot, siendo el As de copas, como un símbolo del Tarot a su vez, la representación esotérica de su verdadero significado.

La leyenda del santo grial nos habla de una copa muy especial, en la que se supone el Mesías Cristo Jesús bebió y compartió el vino de la última cena, y que de acuerdo a las transmisiones orales más veladas, tiene la capacidad de brindar un poder insospechado a quien beba de él, de brindar dones como la inspiración, la sabiduría, la sanación e incluso la inmortalidad. Bajo esa consideración, ha sido buscado a través de los siglos, tanto por místicos, como emperadores, aventureros y trotamundos. Últimamente, durante la segunda Guerra Mundial, por parte de ambos bandos, se destinaron incontables recursos a tratar de encontrarlo. Piedra filosofal, fuente de la eterna juventud, elixir de la vida son otras metáforas que se asocian en diversas geografías y épocas a este mismo tesoro. Se asocia a la primera carta del Tarot porque en la tradición hermética alquímica, se tiene un claro registro del As de copas como símbolo de la comunión divina, el descubrimiento de la realidad trascendental, la apertura de la conciencia y del despertar de los sentidos metafísicos, estado inicial del ser humano que conduce hacia su verdadera realización. Es el primer grado del Tarot, porque solo esta experiencia puede sensibilizar a la incorporación de los principios rectores que conducen al alma humana hasta su final liberación del plano físico.

Para los escépticos, este camino de liberación está vedado, porque no es posible “comulgar” a voluntad, aunque sí nos es posible comenzar a buscar la comunión, desde aquí y desde ahora. La experiencia de la comunión es una gracia divina, que no está conferida a todos los niveles de la conciencia, ni es uniforme en los seres humanos; pero el don de la libertad implica que todos podemos expandir nuestra comunión, trabajando específicamente en expandir nuestra conciencia. Tanto como el conocimiento, la comunión es posible comenzar a expandirla,  recibiendo primeramente, con intención de apertura, los reportes de quienes poseen estos regalos. Y es lo que nos corresponde hacer en todo caso, comenzar a buscar en el aquí y el ahora, comenzar a descubrir los misterios de la vida que la propia vida nos ofrece para nuestra expansión. Al igual que todos los aspectos de la realidad, la comunión también se presenta en grados, puesto que solo el absoluto carece de grados, y el As de Copas simboliza el primer grado en el camino de la verdadera comunión. No se trata de la comunión sacramental que en la costumbre catolica se imparte más frecuentemente en la infancia, sino de una experiencia mucho más profunda, que acaso está representada en ese rito, pero que no necesariamente se despliega a esa temprana edad. Entonces, el as de copas simboliza la primera comunión como un primera experiencia que abre la percepción y el corazón humano a la búsqueda de lo verdadero, de lo duradero, lo trascendente; la comunión del as de copas representa el primer vislumbre del plano inmaterial del espíritu, que conlleva la percepción conciente de una realidad superior. Esto puede venir como producto de un sueño místico, de una experiencia cercana a la muerte, de un padecimiento extraordinario, de una sustancia enteógena, o del encuentro con un palabra reveladora. En otros términos, el as de copas representa el reconocimiento de que todo lo bueno o malo que uno haga en esta vida se revierte hacia nosotros mismos tarde o temprano.

Creer esto, significa habitar en ese estado de comunión que es indispensable para la expansión de la conciencia a través del Tarot. En la tradición esotérica se puede encontrar diversas versiones sobre el origen del Tarot. Se dice que el Tarot proviene de la Cábala, que fue revelado al profeta Enoc, que luego fue llevado a los Egipcios, quienes lo estudiaron y aplicaron profundamente, otros dicen que fueron los egipcios quienes conocieron el Tarot a partir de las enseñanzas de su gran sabio Hermés Trimegisto, de quien provienen las ciencias herméticas, las artes mágicas y el ocultismo, y otros más aventurados dicen que proviene de los atlantes, la civilización híper-desarrollada habida en la  Tierra antes de nuestra era, en el continente de la Antártida, oculto hoy en todos sus vestigios bajo una enorme capa de hielo; y otros, todavía más imaginativos sostienen que el Tarot es un conocimiento que proviene de los extraterrestres y que representa una descripción sistémica sobre la naturaleza de la alma.

Desde la perspectiva de la unicidad divina todo esto puede ser cierto y todas estas apreciaciones pueden reconciliarse porque son solo modos distintos de enunciar lo mismo: que el Tarot es una realidad trascendente, una forma visual de revelación legada por ángeles, que el Tarot proviene de la Atlántida, o de una cultura muy avanzada, que el Tarot lo trajo Hermes o Enoc o que ambos son la misma persona, o que ha sido revelado a lo largo de los tiempos como un regalo a la conciencia de los profetas y místicos de todas las latitudes. En última instancia que el Tarot procede de más arriba o de más allá o de más aquí, dentro del corazón, es decir de la sola conciencia humana. Que en suma es un regalo o una bendición, como el mismo nombre de Barakja refiere. También podemos comprender al Tarot como un lenguaje trascendental, atemporal, divino, angélico o extraterrestre, que a final de cuentas es desde el origen, el lenguaje de la magia, las ciencias ocultas y el misticismo. También puede afirmase que es un instrumento de conocimiento, una máquina de imaginar, una brújula de navegación metafísica o incluso un portal de la trascendencia o catapulta de proyección psicocuántica, como explicaré más adelante, y a final de cuentas, también, como la manifestación específica de eso que está representado en la leyenda del Santo Grial. Ha sido revelado para liberarnos, realizarnos, iluminarnos y viajar al paraíso desde el aquí y el ahora, para todo los que se acerquen a su estudio.

El ocultismo hermético se funda sobre el axioma de que el entendimiento metafísico está dado solo para algunos. Y esto refiere en otro modo la cuestión de que la fe es un don que no ha sido obsequiado para todos. Sin embargo, también hay otro postulado menos difundido que refiere la era actual como el momento donde lo oculto será manifiesto, donde los secretos serán revelados y comprendidos abiertamente y la fe deslumbrará en el mundo como un nuevo amanecer. Entonces el don del entendimiento metafísico se abrirá para muchos. La buena noticia es que hay evidencia astrológica que refiere la llegada de esa época para nuestra generación; sin embargo para realizarse, hace falta la apertura generalizada de los centros de percepción metafísica que posee el ser humano, conocidos, entre otros, como el ojo de la conciencia, el tercer ojo o la glándula pineal, que también será posible activar masivamente gracias a la vastedad de estímulos electromagnéticos que a partir de nuestra era se encuentran en el ambiente.

De ahí la posibilidad de “conectarse” y activar ese “don” aunque no se posea actualmente. Y por supuesto profundizar en él si ya se dispone. Porque si se tiene y no se desarrolla se corre el riesgo de atrofiarlo. El Tarot está ahí para enseñar a activar estas potencias latentes. En la mística de nuestros días se refieren los términos de salvación cualquiera que este sea, implicando la idea de dejar atrás todo lo nocivo, todo daño, toda esclavitud, dependencia, compulsión, miedo, vicio; se habla de iluminarnos, de ver y esclarecer a nuestra vista lo oculto, de nosotros mismos, de los demás, de lo que nos rodea; de esclarecer a nuestra conciencia nuestra naturaleza y propósito, los obstáculos que nos dificultan el camino a veces sin ser percibidos, la misión específica que nos corresponde, el trabajo ideal, aptitudes desconocidas, las subidas, las bajadas, los atajos, de emanar conciencia para que a nuestro alrededor brille la luz esencial de la vida eterna; para realizarnos, para volvernos reyes, eficientes, óptimos, dinámicos, ejemplares, para volvernos al trabajo que nos gusta, aquello en lo que mejor servimos, aquello en lo que se logra encontrar el disfrute sirviendo a los demás, en lo que nos hace más felices y más útiles, aquello que nos vuelve ejemplares, líderes, autoridades, modelos, reyes en suma.

En la tradición mística de la cristiandad se relata que en los últimos días de Jesús, cuando les anunció a sus discípulos el final de sus días, éstos le dijeron: “creemos en ti, pero la negatividad susurra insistentemente el mal en nuestra conciencia, concédenos de parte del Altísimo una prueba irrefutable que nos asegure el sosiego”. Entonces el Mesías pidió al Eterno que hiciera descender una mesa servida con el banquete de la comunión, para afianzar la fe de sus discípulos y éste le dijo: “Esta súplica será respondida, pero hazles saber que en adelante, quien descuide su alma y recaiga en la negación no será más, digno de mi favor”. Y entonces hizo descender para ellos un banquete divino que embriagó a sus discípulos, saciando para siempre su hambre de necesidades superfluas y su sed de conocimiento espiritual. Este evento esclareció a sus discípulos un conocimiento que ya había sido revelado a profetas anteriores y que era incomprendido en aquellos días. Por esto en las leyendas de la tradición hermética se entienden que el Santo Grial consistiría no solo en el objeto físico, que tiempo después muchos otros, tanto ricos y poderosos, como pobres y desterrados, buscarían, con afanoso e inútil empeño, sino que se trataría de una realidad inasible más allá de una forma física, más bien de un conocimiento, vedado para aquellos de limitada percepción espiritual. En otros casos, también representa concretamente un alimento y una bebida especiales que contienen el poder de dilatar la conciencia y los sentidos, y de activar ciertas secreciones endócrinas en el cuerpo humano que modifican su fisiología, y que son conocidas hoy como sustancias enteógenas; y a la vez también representa el conocimiento que a la luz de esa sensibilización perceptual explica concilia y sintetiza el camino de transformación de la conciencia desde el olvido espiritual hasta la experiencia del recuerdo o comunión trascendental. A final de cuentas todas estas consideraciones son aspectos de una misma verdad,  y en suma, el Santo Grial, entendido como experiencia de comunión con lo trascendente, es el punto de partida de ese camino de transformación que sintetiza el Tarot.

En cierto punto estas especulaciones de la mitología esotérica se entrelazan y reconcilian en una sola verdad. La misma verdad que integra a todo el pensamiento hermético, las artes mágicas y las ciencias ocultas: la verdad de que nada de esto puede ser verificado ni constatado más allá de la comprensión interior proveniente del ojo de la certeza de la conciencia espiritual. Sólo quienes han tenido una experiencia de comunión trascendental, o quienes recibieron el don de la comprensión metafísica o fe, pueden, en ciertos casos, constatar esto por sí mismos.  Sin embargo, insistiré en que hablar de esto a quien no ha sido obsequiado con este don, le puede despertar anhelo de también ser partícipe de esta gracia e inspirarle a comenzar la búsqueda de esta preciosa experiencia, que es lo único que se puede en verdad hacer, y por ese solo hecho estamos llamados a hacerlo en esta época. Comenzar a buscar si no la tenemos o comenzar a profundizar ella si ya se tiene, y en última instancia comenzar a compartir, cuando se aprecia en su verdadera magnitud.

¿Pero cómo funciona y se explica la multifuncionalidad de este saber esotérico conocido como Tarot? Una vez colocado en la certeza de la realidad metafísica, el Tarot, al estar compuesto de unidades de sentido de amplio espectro de significación, funciona a través de la visualización dinámica y la asociación espontánea. A partir de trabajar y ejercitar sistemática y metódicamente la visualización dinámica se expande la capacidad de proyección imaginal hasta el grado de activar las potencias intuitivas, que conllevan esa manifestación imaginal, clara e incontestable ante un problema determinado. En este nivel el Tarot actúa como un potente entrenador de la imaginación, que viene a proyectar a la conciencia individual hacia nuevas maneras de comprenderse y narrarse, hacia nuevas realizaciones de autoconocimiento. En la profundización del autoconocimiento se transita por la confrontación y el cuestionamiento de los propios prejuicios y de la propia personalidad. En este proceso juega un papel muy importante la experiencia onírica.

La razón de esto es que a partir de cierto trabajo con el Tarot, se abre la percepción de los sueños a los vislumbres de una dimensión paralela de mayor realización. Para este propósito, el trabajo con los sueños, su registro y estudio, sus relectura periódica cobra especial relevancia. Y a partir de esto y en la medida que se implementan las percepciones adquiridas en el carácter y la personalidad, una nueva potencia mental se consolida, que es la visión imaginal espontánea clara y perdurables respecto a problemas, personas o situaciones de nuestro ser y nuestro entorno. Esta nueva manifestación de la imaginación es lo que se describe con el término de intuición, y puede ser más o menos asertiva en la medida en que sea esta ejercitada, desarrollada e incorporada a nuestras vidas.  La intuición conduce a la inspiración, que es el encuentro con una verdad trascendental y simbiótica de nuestro ser, que nos motiva y estimula hacia su consecución, activando en nosotros energías y determinación antes desconocidas.  Este estado, se reconoce en la tradición mística de todos los tiempos como la base de la sanación de todas las disociaciones del pensamiento y de todas las emociones negativas y de todas las dolencias físicas. De esta forma, este estado de conciencia unificada, se reconoce como el cimiento de la trascendencia y de la proyección psicocuántica, por la que han venido hasta este sitio.

La sanación que produce esta inspiración, faculta para transmitir esa misma frecuencia en su entorno y convertirse así en agente de sanación para quienes están a su alrededor, ya bien sea que el estudiante se asiente en este estado, desarrollando específicamente funciones de médico, terapeuta, consultor homeópata o nutriólogo, ayudando a sanar directamente a sus semejantes, o que continúe en la realización de una misión específica producto de esa misma inspiración. Para el último caso, quienes se adentran en la consecución de una empresa material, en la medida que logren redefinir su personalidad con base en esta nueva inspiración, lograrán proyectarse en la realidad física como un nuevo ser humano que a su vez, sin proponérselo específicamente, inspira, guía y sana a sus seguidores por esta mera acción. Cabe en este punto explicar el sentido de la verdad trascendental o “fusión simbiótica” que está en la base de la inspiración que he mencionado. Se dice que la verdad trascendental tiene que ver con el cumplimiento de una función simbiótica, una actividad que genera utilidad para nuestro medio ambiente y que nos reporta al mismo tiempo gozo y provecho propios. Lo simbiótico es una cualidad de los organismos vivos por la cual nutren y se nutren del medio ambiente simultáneamente. Descubrir esa actividad de gozo y provecho mutuo, es el primer pilar de la realización.

Cuando la inspiración se manifiesta, vienen igualmente aparejados, el encuentro más claro y frecuente con la realidad paralela vislumbrada a través de los sueños; y en este punto a partir del trabajo imaginal, el estudiante puede acceder a los mecanismos internos que permiten interactuar con el universo onírico, hasta volverse capaz de percibir vibraciones, formas e imágenes sutiles de su propia realidad física que son imperceptibles para los sentidos físicos, y luego entonces interpretarlas con claridad e integrarlas a su experiencia y misión personal. Esto es el fundamento de lo que desde otras perspectivas, quizás más inasibles, se ha dado por llamar telepatía y clarividencia. De modo así que el despliegue de las potencias imaginales latentes al ser humano, que son potencializadas mediante la interpretación de los símbolos de la realidad y del sueño, son un objetivo fundamental del Tarot, y encuentran en éste, el mecanismo óptimo para su adiestramiento y despliegue. Este trabajo interno constituye un tránsito desde la mera y sola imaginación hasta el verdadero poder de la clarividencia, pasando por la intuición, la inspiración y la realización personal; culminando por supuesto en la trascendencia del buscador, imprimiendo huellas perdurables en su entorno y configurando los poderes de su mente para desprenderse de esta corporalidad y viajar trashumante en forma de energía pura, etérea y a la vez conciente, hacia otra materialidad, en otra dimensión, tal como acontece al despertar de un largo y profundo sueño. Pero para quien se siga preguntando cómo funciona el Tarot, explicaré por ahora un aspecto específico de su operatividad, desde una perspectiva general y abstracta: como símbolos individuales, cada carta condensa una gama de significación con cualidades de multidireccionalidad y sucesión, cuyo sentido se alinea y concilia con el de las siguientes unidades. De modo que en una sola combinación de cartas se accede a múltiples niveles de significación, pero a un espectro concreto de significado. Por su naturaleza simbólica, la comprensión y el manejo del Tarot requiere el despliegue de las facultades que involucran todos los centros de la conciencia y por esta razón su uso favorece un potente despliegue de la imaginación. Entonces, cada vez que se intenta responder una pregunta tomando cartas aleatorias o formar un mensaje empleando cartas específicas, se realiza este ejercicio referido. De este modo, la imaginación viene a ser la piedra angular del despliegue de las potencias psicocuánticas a las que conduce el Tarot, siendo entre ellas la más vapuleada aquella conocida como “clarividencia” que algunos Tarotistas dicen poder desplegar a voluntad. Hasta aquí vamos con el Santo Grial del Tarot y con lo del Portal de la Trascendencia.  Ahora les propondré analizar lo que he formulado como proyección psicocuántica.

La física cuántica ha postulado la unidad del campo energético de todo cuanto existe, tanto de la conciencia individual como del mundo “físico” aparentemente ahí afuera. Son famosos los experimentos sobre como el solo despliegue de un pensamiento o la voz, impacta en las estructura molecular del agua, generando diversos tipo de fractalización, reconocibles gracias a que el agua es uno de los agentes más sensibles de la naturaleza. La tradición hermética, postula igualmente que el flujo de la atención impacta en la composición del mundo real, y esto tiene una explicación comprensible más allá de las perspectivas supersticiosas. La mística Sufi revela que hay siete cielos y dieciochomil mundos en cada uno, siendo el número siete el símbolo de la exuberancia y el 18 símbolo de incognoscibilidad y fertilidad. Así en tanto potenciado por mil, tenemos un resultado de exuberante vastedad y fertilidad incognoscible. Incomprensible finitud regenerativa para algunos, que se manifiesta en similar forma, pero en siete distintos paralelos que a su vez se subdividen en una gama vastamente finita, pero a la vez regenerativa, de posibilidades y grados. Visto de otro modo, Infinito sucesivo condicionado.

En esta comprensión se encuentra el fundamento de los mundos y las dimensiones paralelas que apenas hoy se discuten sesudamente con ecuaciones y cálculos desde las ciencias más racionales. La tradición mística también dice que todas las cosas, las situaciones y los eventos son frecuencias sutiles que se intersectan, menguándose o potenciándose a sí mismas en su propio cruce, al igual que hay miles de frecuencias electromagnéticas fluyendo en este cuarto y en todo el planeta ahora mismo, que pueden ser sintonizadas e interpretadas con el instrumental adecuado. Se dice que el ser humano tiene un órgano capaz de percibir e integrar esas señales en significados útiles para su misión simbiótica de modo que en la medida que se descubra y conecte con esa misión, todo hombre puede escuchar y ver mensajes de sus dimensiones paralelas, significativas y valiosas para su desarrollo trascendental. Más aún, se dice que la conciencia versada en la proyección imaginal, alineada a su propósito trascendental puede incluso contactar y viajar a otros planos de realidad, de mayor plenitud y realización, y alternar o asentarse en ellos definitivamente. De manera que practicando la inspiración trascendental, cumpliendo su misión verdadera, la conciencia del estudiante puede vislumbra los planos de realización superior y a través de la perseverancia en esta visión puede incluso asentarse en las dimensiones superiores. Entonces, ejercitándose en la interpretación del Tarot, se descubre una de las herramientas más valiosas para el despliegue de las potencias metafísicas y se convierte así en un portal de la trascendencia y en un vehículo de proyección de la psique hacia las dimensiones paralelas.

Si abundamos un poco más en este tema, encontraríamos que los últimos teoremas de la física sostienen que el observador afecta a lo observado, que el observador no es independiente del mundo “exterior”, del mundo que vemos ahí fuera, sino que es parte integrante de ese mundo “exterior” y que, por tanto, la dualidad “interior-exterior”, “objetivo-subjetivo” se disuelve. Sostiene que formamos parte de una totalidad en la que nuestra creencia de que vivimos en una realidad fragmentada no es más que una ilusión. De esto surge la necesidad de mirar el mundo como un todo continuo, en el cual todas las partes del universo, incluyendo al observador y lo observado se mezclan y unen en una totalidad. Precisamente en este punto de vista se encuentran convergencias definitivas con el planteamiento de los principales axiomas de la tradición hermética. El sentido de unidad se encuentra presente en la mayor parte de los textos sagrados y sin embargo su significado más profundo queda velado a la comprensión excepto de aquellos que se inician verdaderamente el estudio y seguimiento de un camino de realización espiritual. Desde esta forma de comprensión, podemos definir la proyección psicocuántica como la movilidad de la conciencia humana a través de las diversas dimensiones y los grados de la realidad física, en las que se materializa como personificación individual. La vastedad del mundo físico se reproduce así mismo en incontables niveles y dimensiones, manifestándose en lo que coloquialmente se ha llamado, mundos, universos y dimensiones paralelas. Mediante técnicas específicas inscritas simbólicamente en la estructuradas y representadas esencial y abstractamente a través del Tarot, se realiza la facultad de trasladar la conciencia individual hacia dimensiones, mundos y universos paralelos, donde la personalidad se materializa con mayores grados de realización.

En síntesis, por realización puede entenderse al proceso de transformación de la conciencia individual en una conciencia de dominio, sobre una extensión específica de percepción. En la tradición del Tarot se consideran cuatro específicos campos de conciencia/percepción: material, emocional, mental y bioeléctrico, simbolizados como los cuatro elementos de la naturaleza, correspondientemente: tierra, agua, aire y fuego. Cada campo representa así mismo una frecuencia específica de la mente, y un particular estado de la conciencia.

El trabajo asiduo de balancear estas cuatro frecuencias favorece el desarrollo y la expansión del potencial psicocuántico, y permite a la conciencia individual, en sus estados más avanzados de desarrollo, desplegar capacidades hasta ahora poco accesibles y conocidas, como la proyección psicocuántica, o las tal vez mal llamadas clarividencia, telepatía y telekinesia, que a su vez comprenden y requieren un cierto desarrollo armónico de los cuatro campos referidos. Para sintetizar lo mencionado, recordaré que el despliegue de esta facultad denominada “proyección psicocuántica” se logra principalmente a partir del ejercitamiento en la interpretación y empleo de elementos simbólicos, siendo el Tarot, el código simbólico alquímico y numerológico más complejo y sistemático.

El trabajo con símbolos despliega y desarrolla las potencias imaginales, y estas a su vez reconfiguran y amplían la autopercepción, el autoconocimiento y la autoconciencia. En la medida en la que esto sea logrado, el buscador o practicante, accede al encuentro de manifestaciones espontáneas e intensas de imaginación respecto de diversos aspectos o problemáticas de su realidad. De este modo se llega al desarrollo de la intuición. Así mismo, en la medida en que se incremente este desarrollo, el practicante accede al vislumbre de manifestaciones oníricas más abundantes y significativas, más frecuentes y memorables. La experiencia onírica tanto como la intuición son las dos fuentes primarias del conocimiento trascendental: es decir, de la certeza que existe una dimensión metafísica de la conciencia individual que traspasa las limitaciones del tiempo y el espacio material.

Esta certeza es así mismo el fundamento de la inspiración, que a la luz de lo anterior puede ser definida como “la reformulación del sentido existencial con base en una misión trascendental”. Así entonces, una vez que el estudiante incorpora las decisiones y los actos tendientes a la refuncionalización de su personalidad en armonía con su inspiración trascendental, se descubrirán nuevos resultados de trabajar con la imaginación dirigida. Porque en adelante, los ejercicios de proyección imaginal alineados a esta inspiración trascendental, producirán impacto y efecto perceptible en la realidad física. Aquí es donde se da la interacción psicocuántica.

De modo que en la medida que el practicante opere con base en su inspiración trascendental, descubrirá las manifestaciones de la proyección psicocuántica y recibirá los beneficios de la misma, descubriendo una mayor sensibilización de su parte ante la realidad del mundo físico, al mismo tiempo que estados de certeza interior y de regocijo existencial más duradero y profundos. A través de la proyección psicocuántica el practicante puede amanecer tras un determinado periodo de práctica en la potencia de hacer o descubrir un mundo diferente, en el que su acción se vuelve trascendente, influyente y duradera, y le rinde beneficios y provechos en todos los campos de la experiencia conciente, a la vez expansivos y gozosos.

Esta proyección psicocuántica desemboca en una dimensión física en donde sus anhelos coinciden con las manifestaciones de la realidad perceptible, dicho de otro modo, le permite aterrizar, encarnar, o teletransportarse a un mundo donde sus deseos son la realidad, y la realidad corresponde fielmente a sus deseos. El primer vislumbre de esta potencia se da mediante la experiencia del sueño lúcido y por esta razón el estudio y exploración del universo onírico es fundamental para lograr la proyección psicocuántica, el viaje de la conciencia a través de los mundos paralelos, en busca de nuevos niveles de realización.

Sentir la conciencia de los minerales, las nubes o las criaturas y vislumbrar el campo de todas las posibilidades en cada cosa y ser, es sólo el principio que permite asimilar el carácter recursivo y generoso del universo. Todas las formas regulares conducen al valor, desprendimiento y goce, que son los verdaderos factores de la ecuación humana. La fórmula de realización se compone de aquello de provecho que más nos complace hacer. La ecuación se completa cuando transforma al hombre en pensamiento y acción escindida del ego. “Cuando el hombre logre descifrar su propia ecuación, podrá desprenderse de sí mismo y viajar sin límites” (Einstein). El humano que podrá viajar sin límites será el que logre desapegarse de su materialidad. De este modo el desapego es la clave del despegue

En este punto abriremos un espacio para escuchar la retroalimentación de quienquiera de ustedes que tenga algún comentario relacionado o incluso para quien quiera formular preguntas o solicitar explicaciones de lo que se ha referido hasta ahora. Para quien decida retirarse pero tenga interés en profundizar este tema quedo a sus órdenes en el correo electrónico y en el número telefónico que vienen incluidos en la portada del documento, invitándoles a reunirnos nuevamente para continuar con la parte relacionada con el sueño lúcido. Escriban o llamen para recibir información sobre la fecha de nuestra próxima reunión.

Agradezco la atención de venir a nuestro encuentro, espero sinceramente que algo de lo visto aquí nutra e inspire sus vidas para crecer en la certeza y en la felicidad. Demos gracias a todos los presentes, porque juntos hicimos posible esta charla y demos gracias a lo más alto y más noble que nos congrega a todos hoy, que la luz esclarezca nuestras vidas y nos lleve a lugares de más plenitud.

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